Los lectores electrónicos pierden fuelle frente a otros dispositivos

Eso parece deducirse de un estudio que se ha dedicado a comparar la cantidad de dispositivos en los que leíamos en 2012 y en cuáles lo hacemos ahora, en el 2015. Los resultados no pueden ser más desalentadores para los lectores electrónicos.

Y es que cada vez está más en cuestión el futuro de los dispositivos enfocados exclusivamente en la lectura, tras la irrupción en el mercado de multitud de otros aparatos mucho más polivalentes, como teléfonos con pantallas de gran formato, phablets y tablets, con mucha más pujanza y que llegan a un mayor número de público.

Las cifras del estudio no dejan mucho lugar a la duda. Si en 2012 solo el 30% de los usuarios de tablets leían e-books en ellas, en 2015 son ya un 41% los que lo hacen. En lo que respecta a los teléfonos móviles, la diferencia aún es mucho más escandalosa. En 2012 solo un 24% de quienes compraban e-books leían alguna vez en su smartphone. Actualmente, con el aumento de tamaño, resolución y calidad de las pantallas, ese porcentaje se ha disaparado al 54%. Y si nos centramos en los compradores de e-books que leían exclusivamente en su smartphone los libros que adquirían en 2012, era de tan solo un 9%, mientras que 2015 ha dejado una cifra del 14%.

Yéndonos ya a nuestros queridos e-readers de tinta electrónica, en 2012 era un 50% de quienes compraban libros digitales los que los leían en este tipo de dispositivos. Sin embargo, la realidad a fecha de 2015 es que ese porcentaje se ha visto reducido al 32% actual.

Claro que esto son únicamente porcentajes, que no tienen que coincidir con número total de usuarios, ya que cada vez se extiende más el uso de lectores electrónicos en países y mercados hasta ahora abandonados, además de que se ha convertido en un aparato de uso común en las calles, parques, transportes públicos o jardines. Sin embargo, parece imposible seguir el ritmo infernal de crecimiento de teléfonos y tablets, que mejoran y presentan asombrosas novedades casi cada mes, mientras que nuestros entrañables lectores parecen congelados en el tiempo, o al menos, les cuesta dar respuesta a las exigencias de un mercado que demanda color, rapidez supersónica, conectividad fluída a internet, sincronizaciones eficientes con la nube virtual y cientos de características más que parece que están lejos de aparecer en breve.

Las editoriales están tomando buena nota de estos cambios en los consumidores y muchos de ellos ya se están planteando optimizar más sus e-books para smartphones, ese teléfono que todos llevamos encima en todo momento y que por tanto se convierte en el objeto de deseo al que vender contenido. Sin embargo, los teléfonos tienen dos grandes hándicaps respecto a lectores y tablets, y es que precisamente su carácter itinerante hace que generalmente su uso se haga en entornos poco amigables y favorables a la lectura, además de que un dispositivo multitarea como ese es una fuente de distracción contínua, con llamadas, avisos, lucecitas, sonidos de alertas, etc. que interfieren terriblemente y distraen demasiado de la concentración que necesita la lectura.

La batalla se avecina terrible. No obstante, esperemos que nuestros entrañables lectores salgan bien parados de ella y, si bien parece difícil que vayan a salir victoriosos, al menos es de desear que continúen con una cuota de mercado lo bastante grande como para que las empresas no abandonen su comercialización y destinen la inversión suficiente como para mejorarlos cada vez más.

Y tú, ¿qué opinas del futuro de la lectura digital?

 

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