Frenazo de los e-books a nivel mundial

Y es que son ya varios los años en los que este formato, y más aún los dispositivos específicos para leerlos, están dando síntomas de agotamiento.

Habría que remontarse a octubre de 2009, cuando un estudio que se presentó en la Feria del Libro de Fránkfurt predecía que en el año 2018 los libros digitales tendrían más presencia que los físicos. A un año y medio de esa fecha, tal predicción parece imposible de cumplirse.

Es cierto que el año 2010 representó un boom de los lectores electrónicos. En EEUU, las ventas de estos aparatos se vendieron en 2011 un 201% más que el año anterior. Cifras espectaculares que prometían un futuro arrollador. Sin embargo, a partir del 2013 esta fulgurante carrera no solo se ha detenido, sino que incluso están apareciendo los primeros estudios que indican que incluso podría estar retrocediendo.

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Ha sido en otra feria del libro, concretamente la de Londres, donde se ha presentado el estudio más reciente al respecto, el ‘Global eBook. A report of market trands and developments’  . Este informe indica una estabilización del formato e-book y un giro futuro hacia las posibilidades de los smartphones.

Según este informe, centrado en USA y Reino Unido, los países con mayor implantación de lectores electrónicos, su cuota de mercado ha quedado estancada en un 30%, con muy pocas posibilidades de continuar creciendo. No piensan lo mismo respecto a otros países europeos. En Alemania, con un 4,3% del mercado, España con un 5%, Francia con un 5,7% o Italia con un 3,4%, aún hay camino por recorrer.

Hay que aclarar que estos porcentajes se basan en el total del mercado editorial, incluyendo los libros de texto, donde los e-books tienen una implantación muy residual o directamente inexistente. Si miramos a lo concreto, en lo referente a ficción y sobre todo cuando nos centramos en los títulos más comerciales, esos porcentajes saltan hasta el 30% en la mayoría de los casos.

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Pero no solo se estaría hablando de un estancamiento, el pasado abril, el informe anual de la asociación de editores de EEUU (AAP), anunciaba que tras la espectacular escalada en ventas hasta 2013, que otorgó a los libros electrónicos un 28% de cuota de mercado, en 2015 ésta se sitúa en tan solo el 24%. El asunto no es diferente en Reino Unido, que en 2015 vio cómo las ventas de libros electrónicos caían un 2,4%, frente al crecimiento del 15% del año anterior.

Y si bien las tendencias que marcan estos estudios son claras hacia un estancamiento e incluso un leve retroceso de los libros electrónicos, cuando se analizan las cifras concretas hay que hacerlo con mucho tiento, pues no hay que olvidar que estos informes se basan en las cifras de las grandes editoriales y plataformas digitales, sin tomar en cuenta que la autoedición y la autopublicacion se ha disparado y que muchas veces estos libros ni siquiera tienen registro ISBN, por lo que resulta muy complicado saber qué cifras reales se mueven en el mundo digital. De todas formas, es de esperar que las tendencias que acusan las editoriales sea algo que también estarán padeciendo los autores independientes.

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Por supuesto, los estudios no se limitan a señalar el declive, sino que también analizan las causas.

La primera de ellas tendría que ver con el aumento de los precios de las ediciones digitales en EEUU. Parece ser que los grandes grupos editoriales le han tomado la medida a plataformas de distribución y venta como Amazon y Apple y están imponiendo sus condiciones, cuando antes la relación de fuerzas era a la inversa y eran esas plataformas las que forzaban rebajas en los precios.

En España la situación es diferente, aún no se ha llegado a esa fase y de unos precios exageradamente altos al principio, se ha ido pasando poco a poco a otros mucho más moderados y que aún están en fase de bajada. Por otra parte, las cifras de ventas digitales aún no han experimentado el parón, aunque es cierto que crecen mucho más lentamente y es previsible que se acabe llevando el camino de los países anglosajones.

Por último pero no menos importante está el papel de la piratería. Según un estudio, el 15% de los españoles admitían en el año 2015 leer libros electrónicos pirateados, frente al 11% del 2014. Esta cifra queda muy lejos del estudio de la Generalitat de Catalunya, que indica que el 61,3% de los usuarios catalanes de estos dispositivos leían únicamente gratis, el 10,8% compraban los libros y el 27,8% alternaba libros por los que habían pagado y piratas.

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Estas cifras y otras indicarían que sumando los canales legales e ilegales, la lectura digital en España podría estar en torno al 20%, aunque sólo una cuarta parte adquiriría los libros de un modo legal.

Por último queda la cuestión del dispositivo de lectura. Curiosamente no han sido los jóvenes quienes han adoptado los lectores electrónicos, sino mayoritariamente gente de mediana edad con un ya largo hábito de lectura. De hecho, parece que apenas ha calado entre la juventud, como así lo reflejan el tipo de lecturas vendidas en las librerías.

Además, las ventas de e-readers de tinta electrónica han caído de un modo brutal. Esto se explica por dos motivos: por un lado, la migración de parte de los usuarios o la incorporación de nuevos lectores a otros dispositivos, como tablets o smartphones, mucho más versátiles. Por otro, la escasa obsolescencia de los e-readers, dispositivos que se desgastan poco y que además apenas presentan saltos tecnológicos apreciables a la velocidad que sería de desear.

Como reflexión final, parece que el ecosistema de la lectura electrónica empieza a equilibrarse. El intruso digital ya se ha hecho un hueco en la selva de la lectura y contrariamente a lo que se pensaba, no ha acabado con la fauna autóctona de los libros de papel. Lo que empieza ahora es una convivencia pacífica hasta que las nuevas generaciones de chavales, los llamados nativos digitales, se vayan incorporando al mundo de la lectura y definiendo lo que será el futuro, que probablemente no pase ni por los e-readers de tinta electrónica ni por el papel. Pero eso, como se suele decir, es otra historia.